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Muchos de nosotros hemos determinado no mirar en lo íntimo de nuestra alma y explorar las profundidades de Dios, pero a veces una enfermedad como el cáncer o una tragedia inesperada nos lleva a romper el velo de nuestra alma y ver que está pasando adentro. ¿Por qué tenemos que esperar hasta que las circunstancias de la vida nos impulsen a buscar a Dios? ¿Por qué nos da miedo conocer a Dios y tener una relación con Él si esa relación íntima con Dios es la única razón de nuestro existir y propósito para el cual fuimos creados?

 

Lo que más importa en la vida es conocer a Dios. Todo en la vida es de Él y para Él, y porque Él nos ama nuestra vida consiste de mí y Él, Él y yo, tú, yo y Él. Sin embargo el trabajo, las vidas apuradas, los hijos, amigos, las deudas y la búsqueda de la vida buena, nos alejan de la presencia de Dios. Las cosas de menos valor se han convertido más importantes que conocer a Dios. Se dice que el propósito final de todo hombre es glorificar a Dios y gozarse en Él para siempre.

 

Experimentar a Dios y gozarse con su Espíritu, cautivado por el novio, deleitarse con el Padre, danzando con la divina Trinidad debería ser nuestra meta y la fuente de nuestro gozo, porque ese es el verdadero propósito en nuestra vida. Dios nos ha creado para tener una amistad íntima con Él hoy y para toda la eternidad. El gran compromiso que podemos hacer en la vida es descubrir nuestro deseo por Dios y crecer en una relación íntima con Él. El milagro más grande que puede ocurrir es tener una pasión ardiente por Dios, nuestra única fuente de vida.

 

¿Cómo puede existir una relación íntima con Dios o alguien más sin una comunicación de ambas partes? Escuchar y entender la voz de Dios hablando a nuestra alma es una parte importante para hacer de Dios nuestra fuente de vida.

 

En esta serie aprenderemos acerca de la voz de Dios y Su poder de transformar nuestras vidas y circunstancias. Fuimos creados para escuchar la voz de Dios y no debemos tratar de existir o vivir sin escuchar y obedecer Su voz diariamente. El Espíritu de Dios que vive en nosotros no es mudo sino que continuamente nos está hablando.

 

4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Mateo 4:4, RV 1960

 

A través del Antiguo Testamento, especialmente cuando Dios habló por medio de los profetas Ezequiel, Jeremías e Isaías, leemos una y otra vez: Oíd la palabra de Jehová”.

 

23 Estad atentos, y oíd mi voz; atended, y oíd mi dicho. Isaías 28:23, RV 1960

 19 Ciertamente el pueblo morará en Sion, en Jerusalén; nunca más llorarás; el que tiene misericordia se apiadará de ti; al oír la voz de tu clamor te responderá. 20 Bien que os dará el Señor pan de congoja y agua de angustia, con todo, tus maestros nunca más te serán quitados, sino que tus ojos verán a tus maestros. 21 Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda. Isaías 30:19-21, RV 1960

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